A T A L Í A
“... una hija de Acab era su mujer; e hizo lo malo ante los ojos de Yahveh”. 2 Reyes 8:18b.
Una continuidad en la enseñanza
Oración: Querido Padre celestial, en el precioso nombre del Señor Jesús, hemos venido a adorarte; te rogamos que nuestro espíritu se alegre en Ti, Señor, porque Tú nos has abierto la puerta de Tu gracia, para estar en Tu preciosa presencia, en Tu preciosa gracia, Señor, por Tu preciosa sangre. Gracias por acogernos a todos, en los méritos únicos y exclusivos de Tu Hijo Amado. Señor, te rogamos que Tú nos ayudes en esta mañana a todos los que estamos aquí; que podamos considerar Tu Palabra en Tu misma presencia, Señor, y que Tú nos puedas hablar y con Tu Palabra darnos discernimiento y darnos directrices y guardarnos para Ti en Tu amor. En el nombre de Jesús Tu Hijo nos entregamos a Ti, y pedimos la bendición de Tu Espíritu. Amén.
Cuando los hermanos que estuvieron compartiendo durante estos días vinieron aquí, ninguno se había puesto de acuerdo con otro para compartir la palabra que cada uno compartió, sino que, según el Señor le concedió a cada uno en su corazón, habló. Y yo creo que todos nos hemos dado cuenta de que ha habido una continuidad, un entrelaza¬miento, entre las cosas que se han compartido. Alejandro Pacheco nos presentaba la centralidad del mismo Señor, cómo es necesario estar centrados en el Hijo. Nuestro hermano Arcadio Sierra nos habló de la importancia de considerar no solamente la salvación, la cual es eterna y es un don de Dios, pero además de ella se nos concede también, no para ser salvos, sino por ser salvos, seguir al Señor, lo cual Él galardo¬nará con algo adicional a la misma salvación; ese galardón es una posición en el reino. O sea, el Señor nos convida a servirle como Él es digno, no vivir solamente para ser salvos, sino agradecer que somos salvos por gracia, y vivir para servirle como es digno de Dios; Él merece que le sirvamos; no solamente que Él nos salve, sino que después de que nos salve, le sirvamos. Después nuestro hermano Hernando Chamorro también nos compartió, y también nuestro hermano Pablo Moyano, la importancia de un servicio que sea verdadero, que sea legítimo, que sea puro, que sea espiritual, que no sea meramente natural, y que no sea mezclado con el mal que hay en nosotros, sino, ese servicio para el reino del que nos hablaba Arcadio, que se haga en el espíritu, que se haga con motivos puros, que se haga para la gloria de Dios.
A Atalía llegamos por Jezabel
Lo que tengo en mi corazón para compartir, sin habernos puesto de acuerdo, tiene también una continuidad sobre eso, y quiero, con la ayuda del Señor, hablarles esta mañana de “Atalía”. No se si ustedes se acuerden de Atalía; en el Antiguo Testamento aparece una figura que se llama Atalía. Y yo pienso que Atalía representa algo. Hay personajes históricos que Dios los utiliza para que figuren alguna cosa; por ejemplo: Adán, se nos dice en Romanos 5 que “es figura del que había de venir”; o sea, no que Adán sea solo una figura, Adán fue un personaje histórico, por eso nosotros existimos; si él no hubiera existido como personaje histórico, ninguno de nosotros existiría; necesariamente hubo un primer hombre, y ese fue Adán, pero Dios utiliza la historia de Adán, su muerte, en el sentido de su sueño profundo, en donde fue herido en su costado, para que le sacaran a Eva, como una figura. Adán es figura del que había de venir; por lo tanto una figura se extiende a la otra, una llama a la otra, una llama a la siguiente, la primera llama a la segunda; si Adán es una figura, ¿cómo no lo va a ser Eva?; entonces en la segunda carta de Pablo a los Corintios, en el capitulo 11, allí aparece también Eva como una figura. Pablo no quiere que la Iglesia sea engañada como Eva fue engañada por la serpiente; o sea que si Adán es figura de Cristo, Eva es figura de la Iglesia. Vemos la historia de Abraham, la historia de Sara y de Agar, y de Ismael y de Isaac; todas estas fueron historias patriarcales que acontecieron realmente, pero detrás de esas historias estaba la mano de Dios proyectando a través de ellas; haciendo de esa historia una alegoría, para proyectarnos una enseñanza espiritual y una tipología; la tipología siempre la ha usado Dios junto con la profecía. Vemos la edificación de la casa, una casa verdadera, el Templo de Dios, luego vemos en el Nuevo Testamento la Iglesia. Pero también vemos una infidelidad del pueblo, una llevada del pueblo cautivo a Babilonia; y en el Nuevo Testamento también vemos una misteriosa Babilonia, y una llamada de Dios a Su pueblo que está en Babilonia, a salir de Babilonia, así como un remanente salió de la Babilonia antigua y volvió a Jerusalén a reedificar la casa de Dios; en el Nuevo Testamento tenemos una Jezabel, por lo tanto, la historia de la Jezabel antigua nos ayuda a entender la Jezabel nueva; entonces para llegar a lo de Atalía, vamos a empezar por Jezabel.
Entonces vamos abrir el libro de Apocalipsis 2:18 y siguientes; mensaje a Tiatira. Allí el Señor está profetizando a la iglesia de la localidad de Tiatira, que existía en aquella época; hoy ya no existe, fue destruida, no ha sido restaurada; pero en aquella época era una iglesia que tenía las condiciones que aparecen aquí; pero desde el principio el Señor le hizo claro a Juan que estas profecías eran eso: Profecía. De manera que así como el caso de Abraham, Agar, Sara, Ismael, Isaac, fue algo histórico, sin embargo eso histórico fue usado por Dios, como alegoría y presentar una lección espiritual para el futuro, y no solamente para la época histórica de ellos; así también Dios ha utilizado estos mensajes a estas siete iglesias históricas de aquella época; los ha usado como profecía, porque todo el Apocalipsis es una profecía, y debemos por lo tanto interpretarlo proféticamente también. Apocalipsis además de histórico, es profético. Entonces aquí en estas siete iglesias, Dios le está hablando a toda la Iglesia de todas las épocas, y varios hermanos han visto ya por el Espíritu Santo, cómo la historia de la Iglesia, en sus diferentes períodos, está perfectamente tipificada, profetizada, en estas siete iglesias; y la iglesia primitiva, está representada en Efeso cuando los apóstoles murieron, y comenzaron a caer de su nivel original; la iglesia en Esmirna representando el período de las persecuciones; la iglesia de Pérgamo representando el período llamado de la Iglesia Católica Antigua a partir de Constantino, hasta llegar al absolutismo papal; y la iglesia romana cesaropapista de las edades medias avanzadas está representada en Tiatira; luego la época de la Reforma es la de Sardis; la época de los hermanos saliendo del denominacionalismo para ver el Cuerpo de Cristo, representado en Filadelfia; y la época final y contemporá¬nea, donde los que no son vencedores viven una vida tibia, pensando en las riquezas, hablando de riquezas, hablando de prosperidad, pero totalmente alejados del Señor, como está representado en Laodicea. De manera que Tiatira nos representa a la iglesia en el período más oscuro; los historiadores le han dado en llamar: La Edad del Oscurantismo, cuando la política y la Iglesia y todo lo que ha sido denunciado en estos días, llegó a su colmo; el colmo, hasta las profundidades de Satanás, de lo que se llamó la Cristiandad, aconteció en ese período, donde lo que se ha denunciado se vivió con fiesta, y está aquí en Tiatira; y ahí aparece Jezabel.
El juicio purificador de Dios
Entonces vamos a leerlo allí, desde el verso 18 del capítulo 2 de Apocalip¬sis: “18Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios...”; lógicamente que aquí aparece el Hijo de Dios, con esa expresión; siempre en todos los saludos era el mismo Hijo de Dios, pero nunca se había llamado “El Hijo de Dios” de una manera tan rotunda, como lo hace aquí; es porque en otras partes, sin presentarse mucho, era conocido, pero en cambio aquí tenía que presentase con claridad, porque estaba bien desdibujado; la gente ya no estaba centrada en el Hijo de Dios, sino en muchas otras cosas; entonces: “el Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego...”, o sea que penetra hasta lo íntimo de nuestro corazón, de nuestros motivos, de nuestras intenciones, “y pies semejantes a bronce bruñido...”, o sea, el que pasa y nos pasa por el juicio purificador de Dios; mientras no sea el juicio final, es un juicio purificador. Al final, ya es el castigador; mientras tanto es el purifica¬dor. Siempre necesitamos vivir bajo el juicio de Dios, para poder ser purificados; “dice esto: 19Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, (aun en esos períodos oscuros, Dios tuvo sus fieles) y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras”. Las obras no habían sido olvidadas en esa época; al contrario, algunos hasta pensaban que se salvaban por las obras. “20Pero tengo contra ti...”; ese “unas pocas cosas”, no está en el texto original; es agregado de un escriba posterior; “tengo contra ti: (porque realmente esto que dice no es poco) que toleras, que esa (y algunos manuscri¬tos dicen: “Tu”) mujer Jezabel, que se dice profetiza, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos”.
Jezabel identificada con Baal Entonces démonos cuenta de que aquí Dios utiliza la figura de Jezabel, usa el nombre de Jezabel; quizás esta mujer, esa profetiza allá de Tiatira, en esa época, se llamaba también Jezabel, o quizás el Señor utiliza el nombre para profetizar y asociarla con aquella antigua Jezabel, la antigua Jezabel que aparece en Reyes, en el libro de los Reyes que escribió Jeremías con Baruc. Jezabel era una mujer pagana, una mujer fenicia, adoradora de Baal; si usted va a contraer la palabra Baal, como suele suceder, cuando se cambia de idioma, por ejemplo del arameo al acadio o viceversa, Baal se dice: Bel. Baal, que era el dios de Ecrón, es Belcebú, un mismo diablo, príncipe satánico; y esta mujer Jezabel era la esposa del rey de Israel, del rey Acab, y era la patrocinadora del paganismo en medio del pueblo de Dios; era la que, como nos recordaba nuestro hermano Hernando, quería matar a Elías, porque Elías había aplicado el juicio de Dios al culto de Baal, cuando degolló a los profetas de Baal, los falsos profetas; entonces Jezabel, que estaba identificada con Baal, o con Belcebú, quiso matar a Elías. Siempre, durante la época de los reyes, hay una lucha constante entre lo que el Señor había dicho al principio a Adán y a Eva y a la serpiente, que habría y que Él mismo pondría, una enemistad entre la simiente de la mujer, que es Cristo, que es el cuerpo de Cristo, y la simiente de la serpiente; hay dos simientes, dos corrientes en la tierra en enemistad. En aquel tiempo, Jezabel era la patrocinadora de la línea de la serpiente, de la línea de Baal, de Belcebú, mezclando el culto pagano con la religión del pueblo de Israel, y los Israelitas vivían una época de terrible mezcla, de terrible impureza, donde lo de Dios estaba completamente oculto, distorsiona¬do por lo de Baal. Entonces nos damos cuenta de que esta Jezabel es la patrocinadora del paganismo dentro del pueblo de Dios; o sea, la patrocinadora de la impureza, del negocio y de cualquier cosa que usted quiera colocar allí, simonía, exaltación propia; cualquier cosa está representado allí en Jezabel. De ella se dice: “que enseñe...”; primero que se dice profetiza, dice hablar en nombre de Dios, pretende ser portadora de la Palabra de Dios, pero sus palabras son paganismo, sus palabras son mentira; y dice: “enseñe...”.
Jezabel es la gran ramera En la Edad Media muchos cristianos (incluso Francisco de Asís) fueron a postrarse a los pies del Papa romano; Francisco fue donde Julio II para pedirle permiso para obedecer el Evangelio. Claro que fue como una ironía de San Francisco a Julio II, ir a pedirle permiso al Papa para obedecer el Evangelio y ser pobre; pero lo hizo con mucha astucia, porque los anteriores pre-reformadores, como Pierre de Bruys y Pedro Valdo un poquito después, ellos no toleraron a Jezabel, pero Francisco la toleró; y muchos pre-reforma¬dores anteriores a Lutero, en la época del oscurantismo, siguieron aceptando el sistema romano; y aquí el Señor dice: “que toleras a Jezabel, que ense¬ñe...”, que se dice profetiza, se autonombra la portadora de la palabra de Dios y enseña. Pero ¿qué enseña? Enseña idolatría; “enseñe a mis siervos a fornicar...”, o sea, la mezcla, la impureza, a fornicar; y dice aquí que Jezabel enseña y seduce. La seducción es de una manera muy sutil; el diablo te va conquistando de a poquito; la seducción siempre es ofreciendo algo agradable, hasta que te atrapa, y ya quedas en fornicación; “y seduce a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos.”; o sea, la idolatría. Cómo el Señor, con pocas palabras, con esta imagen, nos retrata tan vivamente especialmente esta época de las edades oscuras de la pornocracia papal, de la Iglesia Católica del tipo medieval, como del papa Alejandro VI, que fue del renacimiento, y otros papas como Inocencio III, Julio II, Bonifacio VIII, y los escándalos, que cualquier persona que haya leído la historia del Catolicismo, va entender perfectamente a qué se está refiriendo, y cómo el Señor aquí está retratando perfectamente a Jezabel. O sea que Jezabel, es como decir, la Gran Ramera. En Apocalipsis 17:1 al 19:4 se nos habla de la gran ramera y del juicio de Dios sobre ella, y la describe vestida de púrpura y escarlata, con un cáliz de oro en su mano, fornicando con los reyes de la tierra, glorificándose a sí misma, etc., y es llamada la gran ramera; o sea, esta gran ramera es esta misma Jezabel. Jezabel es la religión falsa, la gran ramera es la religión falsa, es el uso de la religión, del nombre y de las cosas de Dios para (lo que los hermanos han denunciado aquí) los intereses errados; cualquiera de nosotros que se deje vencer, pasa a formar filas de esa Babilonia, de esa Jezabel. ¡Dios nos guarde! Dios dice tener pueblo en Babilonia y le dice a Su pueblo que salga de ella. Pero no estamos aquí hoy para hablar de Jezabel, sino de Atalía; pero para poder entender lo de Atalía, teníamos que entender lo de Jezabel. Vamos a darnos cuenta de que Jezabel tuvo hijos, y que la gran ramera es madre de otras rameras. En estos días se ha estado denunciando el servicio impuro; hoy estaremos mirando en qué terminará ese servicio impuro; qué tipo de edificación final producirá, y también cuál será el juicio sobre él.
Una cama de postración para Jezabel
Entonces miremos aquí todavía en Apocalipsis 2:21: “21Y le he dado tiempo...”; ninguna de las eras de la iglesia duró tanto tiempo como la era medieval. La era de Efeso, de los Apóstoles, duró apenas siglo y medio; luego Esmirna, que fue la época de las persecuciones, duró también unos tres siglos; porque en el cuarto siglo ya vino el Edicto de Tolerancia, y comenzó la época de Pérgamo, la mixtura, la mezcla entre el Estado y la Iglesia, los intereses económicos y políticos con los religiosos; Pérgamo quiere decir completamen¬te mezclado, muy casado. Pérgamo, muy casado, mucha mezcolanza; por eso en la carta a Pérgamo el Señor se presenta como el que tiene la espada para separar lo puro de lo impuro, lo santo de lo profano, lo espiritual de lo carnal, de lo meramente almático etc.; pero, digamos, eso duró también unos pocos siglos; pero Tiratira duró casi mil años, casi diez siglos; digamos que desde el siglo VI hasta el siglo XVI (la era de la Reforma); entonces duró mucho tiempo la cristiandad corrompida; y dice Dios: “le he dado tiempo...”; a ninguno le dio tanto tiempo como a estos para auto-reformarse y no lo hicieron; “le he dado tiempo para que se arrepienta, (gracias a Dios que Él es así) pero no quiere arrepentirse de su fornicación. 22He aquí, Yo la arrojo en cama”. Esta palabra “cama” en el griego es klinen (κλίvηv), de donde viene la palabra clínica; o sea, es cama de postración, de enfermedad; “y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella”. Ellos se tienen que arrepentir de las obras de ella; ellos no deben tolerarla a ella, deben arrepentirse, no sólo de las obras de ellos, sino de las de ella, por haberla tolerado a ella. “23Y (miren esa “y”) a sus hijos heriré de muerte”. Aquí aparecen los hijos de Jezabel; no nos habla la Palabra del Señor solamente de Jezabel, que podríamos decir, es el sistema de religión falsa mezclando las cosas de Dios con las cosas falsas, con las cosas paganas, mezclando la palabra de Dios con la idolatría, como lo ha hecho Roma, porque claramente dice Juan, que esa mujer ramera que se sienta sobre muchos pueblos, es la ciudad que reina sobre los reyes de la Tierra; y no había otra ciudad en el tiempo del apóstol Juan que reinara sobre los reyes de la tierra sino Roma.
Atalía es hija de Jezabel
Así es que perfectamente el sistema Católico Romano está representado en la gran ramera; pero como nos lo dice allí, leámoslo ahora con nuestros propios ojos, en Apocalipsis 17:5: “y en su frente un nombre escrito, un misterio: Babilonia la grande...”; cuando dice: “la grande”, es porque hay otras más pequeñas, que también pertenecen al sistema de Babilonia, pero que no son la grande; aquí está haciendo una distinción entre la grande y las otras, pero está implicando a las otras; dice: “en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE...”; “la madre”; ella no es la única; ella es la principal, ella es la que está arriba, pero no es la única; es: “LA MADRE DE LAS RAMERAS, Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA”. Es importante saber que la parte “b” del versículo, es la que tiene que ver con Atalía; la parte “a” del verso 5 de Apocalipsis 17 tiene que ver con Jezabel. Jezabel tipifica a Roma, el sistema Católico Romano de mixtura, que mezcla la palabra de Dios con paganismo y con otras abominaciones; pero el Espíritu Santo no sólo denuncia a la madre, denuncia a sus hijos, que forman estas hijas; Jezabel tiene hijos que también serán heridos de muerte. La mezcla, la infidelidad, no solamente se encuentra en el sistema Católico Romano, puede encontrarse incluso entre nosotros que salimos de Roma, salimos del romanismo, y si no le pedimos al Señor que nos guarde, nosotros también entraremos en juicio. Entonces dice aquí: “la madre de las rameras , y de las abominaciones de la tierra”; la ramera grande tuvo hijas, y las hijas no son la madre, porque salieron de la madre; la grande es Babilonia, es Roma, el sistema Católico Romano de mezcla de la palabra de Dios con la mentira, con el sistema humano, con intereses humanos; pero de ella han nacido otras hijas, que también el Espíritu Santo les llama rameras, y que ya no son precisamente Roma; porque son hijas, son rameras, pero no son la gran ramera; la gran ramera es Babilonia la grande, que es la ciudad que reina sobre los reyes de la tierra, que es Roma, el sistema religioso impuro Católico Romano, que ahora por medio del ecumenismo está abarcando todas las demás cosas y corrientes.
Las hijas de la gran ramera
Pero de Roma salieron algunas que también se constituyeron como “Iglesias”, porque una iglesia debería ser la Esposa del Cordero, porque la Iglesia es la Esposa, pero si está fornicando con los reyes de la tierra, entonces no es la esposa, es una ramera; pero no solamente Roma fornica; los que hemos salido de Roma también ahí tenemos el peligro de fornicar, y a eso es a lo que quiero llamar la atención hoy de los hermanos. Hoy, hasta aquí, hablé de Jezabel solamente para poder enmarcar y colocar en su contexto a Atalía y entender a Atalía; pero de la gran ramera salieron varias rameras más pequeñas, pero que también el Espíritu Santo llama rameras; por lo tanto también juzga; no solamente el Señor juzgará la impureza en el romanismo; la juzgará donde sea que esté, y comenzará por Su propia casa, porque Él es un Padre, que antes de corregir a los hijos de “otro”, corregirá a los propios; entonces el Señor nos corrige primero a nosotros, y después vienen los demás. Entonces aparecen unas hijas de la gran ramera, y unos hijos de Jezabel; entonces ya nos estamos dando cuenta de que el Espíritu Santo está usando la historia de Jezabel como una proyección profética; no era solamente una historia; era una historia que servía de alegoría; entonces ahora sí vamos a ir al libro de Reyes, y vamos a ver un poco quién era Atalía, qué hizo Atalía, y qué le aconteció, para que esto nos sirva de alegoría ilustrativa para nuestros días hoy, porque ya sabemos que, además de la grande, existen las hijas rameras, que Jezabel también tiene hijos, y que también sus hijos serán heridos de muerte; no sólo la injusticia, la incredulidad, la mezcla, liberalis¬mo, corrupciones, etc., se encuentra en Roma; se encuentra también en los hijos de Jezabel, se encuentra también en las hijas fornicarias de la gran ramera.
Trasfondo histórico de Atalía Voy a llamarles la atención al libro de Reyes; primeramente al capitulo 8 del segundo libro de los Reyes; aquí a primera vista aparece Atalía como hija de Omri; Omri fue el padre de Acab; el rey Acab fue el esposo de Jezabel; pero por el capitulo 8 nos damos cuenta de que la aplicación del nombre: “Hija de Omri”, es una aplicación amplia. La palabra “hijo” no siempre se refiere al inmediato; por ejemplo: Jesús es Hijo de David, pero eso no quiere decir que entre David y Jesús no haya habido unos intermediarios, ¿verdad? David tuvo a Salomón, tuvo a Natán; y Salomón tuvo a Roboam, y Roboam tuvo a otro, y ese a otro, a Asa, a Josafat, etc., hasta llegar a Jesús; entonces la palabra: “Hijo de David” se aplica a Jesús, pero no quiere decir que sea un hijo directo, sino un hijo intermediado por generaciones intermedias; y no es el único caso; en muchos otros pasajes de la Biblia se usa esa expresión “hijo”; por ejemplo, dice que “Zorobabel es hijo de Salatiel”; y aparece en las genealogías y aparece en la historia de Zorobabel como hijo de Salatiel; mas cuando tú investigas cuidadosamente, te das cuenta de que entre Salatiel y Zorobabel existe Pedaías. Pedaías fue el hijo directo de Salatiel y a través de Pedaías, Salatiel engendró a Zorobabel; o sea, Zorobabel es hijo de Salatiel, pero mediado a través de Pedaías. Cuando tú vas a las genealogías en Mateo y las comparas con las genealogías de Lucas, y si pones a cada generación en un renglón, una al lado de la otra, te das cuenta de que la lista de Lucas es larguísima y la lista de Mateo es más corta, porque Mateo los memorizó en tres grupos de 14 generaciones; entonces Mateo, adrede, se saltó a aquellos reyes malos, aquellos reyes perversos; ni siquiera Mateo juzgó digno de mencionarlos en la genealogía de Cristo; entonces dice: fulano engendró a zutano, y se salta a dos de los perversos. Entonces la palabra “hijo” no siempre se refiere exclusivamente al inmediato, sino al descendiente. La Biblia usa esa palabra “hijo” de una manera amplia; por ejemplo, ustedes ven la tabla de los descendientes de Sem en Génesis, y luego ustedes ven en Lucas que Lucas coloca, entre Arfaxad y Sala a Cainán II. Cuando tú ves la genealogía en Lucas y la comparas con Génesis, te das cuenta de que Génesis se saltó una, pero la Septuaginta no se la saltó; y como Lucas se basó en la Septuaginta, Lucas colocó a Cainán II como hijo de Arfaxad.
Entonces lo mismo sucede en el caso de Atalía; Atalía aparece como hija de Omri, porque fue su descendiente, y porque Omri fue considerado en el tiempo aquél, no en la Biblia, pero en el tiempo secular, como un gran rey; incluso Jehú, que fue el que derrotó a Acab, era llamado hijo de Omri, como si fuera el sucesor en el trono, pero no era ni pariente; y en los documentos seculares se refieren a Jehú como hijo de Omri sin serlo; y aquí aparece Atalía como hija de Omri, pero por lo que vamos a leer aquí en el capitulo 8, nos vamos a dar cuenta de que Atalía era hija de Omri pero a través de Acab y Jezabel; Atalía era la hija de Acab y Jezabel; por eso se le podía llamar también hija de Omri. Leamos, pues, 2 Reyes 8:16: “En el quinto año de Joram hijo de Acab...”; Joram hijo de Acab. Hay Joram de Judá y Joram de Israel; hay Ocozías de Judá y Ocozías de Israel; no se vayan a confundir, porque hay dos Joram y dos Ocozías; y justo aquí en este período de confusión, aparecen los dos con el mismo nombre; esto es muy significativo; note que cuando es época de confusión, una cosa parece la otra, pero no es la misma. Existe Joram de Israel y Joram de Judá; en el mismo tiempo existe Ocozías de Israel y Ocozías de Judá, y Atalía, que era del reino de Israel, resultó reinando en Judá; hay una mezcolanza.
Santuarios idolátricos Judá y Benjamín fueron las tribus que el Señor se reservó como remanente para continuar adelante Su plan; Israel fue formado por las otras diez tribus que se separaron de la Casa de Dios cuando Jeroboam, a la muerte de Salomón, se quedó con diez tribus y les dijo: “Estos son tus dioses que te sacaron de Egipto, no vayan más a Jerusalén a adorar a Dios; tus dioses son estos becerros”. E hizo allá en Dan y en Bethel sendos centros de adoración, para que las gentes fueran a adorar esos becerros como si esos fueran los dioses que libraron a Israel de Egipto; y ellos iban a adorar en Dan, pero Dios había dicho que la tribu, familia o persona que adorara ídolos, su nombre sería borrado debajo del cielo; y justo Jeroboam colocó en la tribu de Dan esos ídolos y allá fueron las gentes de Dan a adorar en Dan; y por eso la tribu de Dan no aparece en los ciento cuarenta y cuatro mil sellados; usted ve que en los ciento cuarenta y cuatro mil no aparece Dan, porque la tribu de Dan fue borrada, y fue borrada porque se dedicó a la idolatría; entonces este Jeroboam fue el que separó las diez tribus que hoy se llaman las diez tribus perdidas, y hoy no se sabe donde están. Entonces, dos tribus, la de Judá y la de Benjamín, fueron reservadas para el reino de Judá, y por eso se les llama el Reino de Judá y el Reino de Israel. O sea que Judá representaba ese remanente reservado por gracia, por Dios, para continuar Su plan en la tierra, porque el resto de Su pueblo se mezcló con las naciones, se hizo pagano, se hizo idólatra, y se perdió; y hasta hoy se habla de las tribus perdidas. Dios traerá después un remanente de entre ellos, hacia el final.
En ese tiempo de confusión, cuando tú lees de un Joram, si no lo lees con cuidado, lo puedes confundir con el otro Joram; si lees de un Ocozías, si no lo lees con cuidado, lo puedes confundir con el otro Ocozías; es decir, si tú hablas descuidadamente de Joram, puedes estarte refiriendo a uno, y los otros están entendiendo al otro; si hablas descuidadamente de Ocozías, puedes referirte al otro, y los otros pueden estar pensando en el uno; o sea, es un tiempo de confusión. Satanás sabía, parece que adivinó que un gran profeta de Dios se iba a llamar Enoc, entonces inspiró a Caín para que le pusiera precisamente Enoc a su hijo; y si tú hablas simplemente de Enoc, y no te das cuenta de que hay dos Enoc, el Enoc de Caín y el Enoc de la línea de Set, que fue el profeta de Dios, entonces puedes ser engañado. Satanás pone los nombres de las cosas de Dios, a otras cosas, porque él se quiere hacer pasar por Dios, y él quiere meternos gato por liebre; las cosas de Satanás nos llegan con los nombres de Dios; esa es la astucia de Satanás. Entonces vemos cómo Satanás utiliza esas ambigüedades; y los tiempos de ambigüedades son los tiempos de mayor peligro, son los tiempos de impureza, donde una cosa impura se llama santa, donde lo malo se llama bueno y lo bueno se llama malo; eso nos enseña esta situación de nombres confusos acá (que son claros) pero que hay que seguirlos con cuidado para no dejarse confundir por la ambigüedad.
Atalía, la infiltración satánica al remanente Entonces dice acá: “16En el quinto año de Joram hijo de Acab, rey de Israel, y siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josafat rey de Judá”; es otro Joram; ¿te das cuenta? Si no le pones cuidado confundes a los dos. “17De treinta y dos años era cuando comenzó a reinar”; note que dice que comenzó a reinar antes de morir Josafat, siendo Josafat rey; por eso es que a veces los críticos se confunden en los años, porque no entienden los años a partir de la muerte y los años de corregencia antes de la muerte del anterior; “ y ocho años reinó en Jerusalén”; noten, está hablando de Joram de Judá, hijo de Josafat, no Joram de Israel; y dice: “18Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab”. Nótese, Dios había separado ese remanente para que hiciera las cosas bien, para reservarse un grupo de elegidos con los cuales pudiera realizar Su plan; entonces Satanás viene a invadir al grupo de los elegidos, a invadir al remanente; eso es lo que significa la usurpación de Atalía; Atalía es el ataque de Satanás contra el remanente; a eso es a lo que debemos ponerle atención. Ya hemos identificado a Jezabel, hemos identificado a los de afuera, a los que están mezclados con paganismo, pero Satanás quiere infiltrar y usurpar los derechos del Señor en el remanente, y de eso es de lo que nos llama la atención esta consideración de Atalía.
Entonces venía hablando de Joram de Judá, pero dice que Joram de Judá siguió en los caminos de la casa de Acab; Acab era de Israel, y dice en el verso 18: “Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer; e hizo lo malo ante los ojos de Yahveh”. Esa hija de Acab es Atalía; se le llama hija de Omri porque Acab era hijo de Omri, pero ella, que es la esposa de Joram, rey de Judá, es Atalía. Acab y Jezabel tuvieron una hija y esa hija se llamó Atalía, y eso lo vamos a ver más adelante, que fue Atalía. ¿Y qué hizo el rey de Israel? como hacen hoy en día los reyes de ahora: La hija del rey de España se casa con el hijo del rey de Suecia, y el hijo del rey de Suecia se casa con la hija del rey de Holanda, y las familias de la nobleza Güelfa Negra europea se casan entre sí, para quedarse con las propiedades, con las riquezas.
(continúa...)